¿Por qué no están bien preparados los jóvenes españoles para los retos del futuro del trabajo?

¿Por qué no están bien preparados los jóvenes españoles para los retos del futuro del trabajo?

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A comienzos de 2019 IESE presentó su informe El futuro del empleo y las competencias profesionales del futuro que elaboró a partir de la participación de 53 empresas que han opinado sobre las perspectivas de empleo y las competencias necesarias. 

 

Varias son las conclusiones que se extraen del estudio, que luego se detallan, pero destaco la que se refiere al sistema educativo español, puesto que a ojos de las empresas este sistema no está preparando a los nuevos profesionales para los cambios que está viviendo el mundo del trabajo, con lo que las empresas se encuentra con dificultades para cubrir sus posiciones.

La crisis del sistema educativo español 

En el informe se refleja la polaridad educacional que vive nuestro país, una población joven que se distribuye entre los titulados universitarios y aquellos que no han cursado ninguna titulación cualificada, siendo además muy baja la penetración de la formación profesional a diferencia de otros países de la UE: el 24% de la población de 25 a 34 años de España ha cursado FP de grado medio o superior, frente al 51% de Alemania, 48% de Francia o el 37% de Italia.

Esta circunstancia de que los jóvenes españoles o hacen una carrera universitaria o se quedan en el graduado o el bachiller tiene dos importantes consecuencias: (i) una brecha de casi 32 puntos en la tasa de ocupación entre los que han cursado una carrera universitaria y los que no han completado ningún tipo de formación cualificada, y (ii) la sobrecualificación, puesto que los que han ido a la universidad son los que mayor empleabilidad tienen y ocupan muchos puestos de trabajo para los que están sobrecualificados. 

Y para poner más en evidencia el problema que tenemos con nuestro sistema educativo, las empresas que han participado en este estudio reconocen que la mayoría de los jóvenes que quieren acceder a sus vacantes, a pesar de ser titulados universitarios, no tienen ni las conocimientos, ni las capacidades, ni las actitudes requeridas en el nuevo mercado laboral.

El desajuste entre las capacidades de los jóvenes llamados a ser la futura fuerza laboral y las que demanda el nuevo modelo productivo (digital vs analógico) además de por la obsolescencia de los planes de estudio, se produce también porque el mayor porcentaje de matriculación universitaria es en las carreras de ciencias sociales o humanidades cuando la oferta mayoritaria de empleo está vinculada a los conocimientos STEM. El 22% de los graduados universitarios en España lo han hecho en materias STEM frente al 26% de promedio de la UE o el 36% de Alemania. Este porcentaje es aún peor si nos fijamos en la población de 20 a 34 años y lo malo es que se prevé que hasta 2021 seguirá bajando.

La escasa matriculación en estudios de formación profesional refuerza estos problemas, pues esta podría ser una excelente fuente de técnicos para puestos que ahora se están cubriendo por graduados universitarios, desempeñándolos con un mayor grado de satisfacción al ajustarse los requerimientos de estos puestos a su formación.

Los vectores que afectan al futuro empleo

El informe también apunta a 5 grandes factores, conectados entre si, que están afectando a la forma de trabajar y que no por ya conocidos merezca la pena recordar:

  • La revolución tecnológica y la automatización. La primera está generando la necesidad de nuevos conocimientos para el desarrollo laboral y que, como hemos visto antes, en el sistema educativo español ni está ni se le espera, mientras que la automatización supone la extinción de muchos puestos de trabajo.

  • Globalización. Como factor que conlleva oportunidades y amenazas en partes iguales, para las empresas, porque ahora pueden encontrar talento en cualquier parte del mundo pero también ese talento puede moverse, y para los trabajadores puesto que las oportunidades son mayores al no limitarse al entorno geográfico más cercano pero por otro lado esto significa que el talento internacional también compite en nuestro terreno.

  • Envejecimiento demográfico. El último informe de la OIT Perspectivas sociales y del empleo en el mundo ya lo apuntaba claramente como uno de los grandes retos del futuro del trabajo, que requiere ser superado con una clara apuesta por la empleabilidad de la población laboral senior a través de los programas de formación que la permita adaptarse a los nuevos tiempos.

  • Productividad (a través de la eficiencia). La productividad es un indicador que está estancado desde hace décadas en muchos países occidentales pero que últimamente parece que va repuntando gracias a la automatización y en general a la transformación digital de las compañías, al conseguir mejorar su eficiencia pero a costa de reducir la tasa de empleo. No es el caso de España en donde de momento la productividad alcanzada viene más por la reducción de salarios y de horas de trabajo que por la mejora de la eficiencia.

  • Gig Economy. La búsqueda de la eficiencia a través de la digitalización, además de afectar a la productividad, ha impulsado un ámbito laboral que se podría describir como de spin-off  unipersonales que reporta a las empresas, además de eficiencia, flexibilidad y competitividad pero generando trabajos de peor calidad, por su temporalidad y precariedad laboral. Son muchos los ejemplos que están saliendo a la luz (peonadas en Amazon , trabajos de reparto en Glovo, Deliveroo, transporte de pasajeros Uber, Cabify, BlaBlaCar)

A estos factores hay que añadir las circunstancias que vive nuestro país, pues además de lo comentado anteriormente sobre el sistema educativo español, se añade el que España sigue siendo el país de la UE con mayor tasa de paro y con uno de los índices más altos de trabajo temporal y trabajo parcial no deseado. 

Aunque para mejorar la preparación de los jóvenes que se van a incorporar al mundo laboral las empresas que han participado en el estudio de IESE reclaman: (i) una reconversión del sistema educativo, (ii) tener una mayor interacción con el ecosistema académico y (iii) una legislación que favorezca estos cambios, esto es una responsabilidad compartida ya que estas empresas para hacer frente a los retos del futuro del empleo también deben reforzar sus planes formativos y sus políticas de recursos humanos para desarrollar los conocimientos, las competencias y las habilidades de sus equipos en activo. 

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